Bunko Papalote, A.C.

Leer para transformar...

Te recomendamos este libro

TituloEl nabo gigante. De: Aleksei Tolstoy. Ilsutr. Niamh Sharkey. Colecc. Pasos de luna, de los Libros del Rincón, SEP.  En coedición con la editorial Omega Infantil. México, 2003, 40p.

Esta es una historia divertida y tierna, su narrativa, incluye conceptos básicos tales como contar del 1 al seis, elementos propios de una granja y un huerto, o las estaciones del año, sin que ninguno de ellos predomine. Así mismo, es una historia que incluye una retahíla (serie de cosas que están, suceden o se mencionan por su orden) para darle  solución a la trama y que a los pequeños les encanta.  Las ilustraciones son sencillas de corte ingenuo pero muy expresivas ayudando a crear un ambiente apacible a la historia.

A continuación hacemos un resumen:
Hace mucho tiempo, un anciano y una anciana vivían en una vieja casa con las paredes combadas y un huerto bastante descuidado. El anciano y la anciana tenían seis canarios amarillos, cinco gansos blancos, cuatro gallinas moteadas, tres gatos negros, dos cerdos panzudos y una vaca marrón. Una hermosa mañana del mes de marzo, la anciana se despertó, se sentó en la cama, olió el fragante aire primaveral y dijo: –“Es hora de que sembremos las hortalizas!– y el anciano y la anciana se fueron al huerto. Sembraron chícharos y zanahorias, papas y ejotes y por último nabos”. Después de que lloviera y la primavera pasara, las hortalizas maduraron. Así el anciano y la anciana recogieron sus verduras al final del verano. Al final de la hilera de los nabos quedaba un nabo por recoger. Parecía muy grande, de hecho ¡era un Nabo gigante! Así que lo dejaron en el huerto. Pero una mañana del mes de septiembre, el anciano se despertó y oliendo el aire otoñal dijo: “–Es hora de que recojamos el nabo– y salio de la casa. Tiró y tiró, estiró con todas sus fuerzas, pero el nabo no se movió. El anciano fue en busca de la anciana. La anciana cogió al anciano por la cintura. Los dos tiraron y tiraron y estiraron con todas sus fuerzas, pero el nabo siguió sin moverse. Entonces la anciana fue en busca de la gran vaca marrón. El anciano, la anciana y la gran vaca marrón tiraron y tiraron, estiraron con todas sus fuerzas, pero el nabo siguió sin moverse. Entonces el anciano se enjugó el sudor de la frente y fue en busca de sus dos cerdos panzudos. El anciano, la anciana, la gran vaca marrón y los dos cerdos panzudos  tiraron y tiraron, estiraron con todas sus fuerzas, pero el nabo siguió sin moverse.” Después fueron a llamar a los tres gatos negros, luego a las cuatro gallinas moteadas, los cinco gansos blancos y los seis canarios amarillos. Pero cada vez que tiraban y tiraban, estiraban con todas sus fuerzas, el nabo no se movía. Fue hasta que a la anciana se le ocurrió una grandiosa  idea. Fue a la cocina y puso junto a la ratonera un pedazo de queso, cuando el ratoncito hambriento sacó la cabeza, la anciana lo atrapó y lo llevo al huerto. Una vez integrado el ratoncito a tirar y estirar con todos los demás, se escuchó un ¡Pop!, y el nabo gigante salió volando de la tierra y todo el mundo se cayó.
La historia termina con todos felices, tirados unos encima de otros riéndose, saboreando la deliciosa sopa de nabo que cenarían esa noche.

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Una recomendación creativa



Esta semana queremos compartir con todos nuestros seguidores este libro. Aunque es físicamente pequeñito, encierra una enorme diversión para todos.  Es un libro divertido tanto por el texto que acompaña a la historia es una ingeniosa rima y como por las geniales  ilustraciones  de Juan Gedovius, un excelente ilustrador mexicano. La historia, está basada en una cadena alimenticia que sucede en la reserva de la biosfera de Calakmul, en el estado de Campeche en México.
Los invitamos invitamos a leerlo y compartirlo en familia, ¡seguro se van a divertir!
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Ahora uno de... animales  De:  Irene Verdú,  Ilustraciones: Lourdes Beliver, colección El triciclo, Valencia, 2010,  Ediciones Tandem, 28p.

Este es un libro que leímos hace poco con los bebés y niños pequeños de Bunko Papalote en Morelia.  Un libro de poesía tierna y sencilla, llena de amor y humor.
Hoy queremos compartirles de este libro:  "La nana de la madriguera", para que puedan en casa disfrutar arrullando a sus bebés con esta tierna canción.

"Luna centinela, éste es mi deseo:
                                                de una nube blanca acércame un sueño
                                                   que sea muy dulce para el pequeñín,
                                                   que está cansadito y no sabe dormir."



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Te recomendamos este libro

Este es un pequeño libro de pasta y hojas de cartón plastificado. Es un libro divertido tanto por su ingeniosa rima como por las maravillosas ilustraciones de Juan Gedovius, que siempre son una garantía. La pequeña historia de este libro, está basada en una cadena alimenticia que, gracias a que existe en la reserva de la biosfera de Calakmul en el estado de Campeche en México, hoy en día es posible.
A continuación les ofrecemos la genial rima de Alonso Nuñez y esperamos que pronto puedan tener el libro en sus manos para disfrutar las ilustraciones.
"¡Qué apetito, qué festín!
En la selva el chapulín come hierbas encantado.
Luego dice muy confiado que no habrá quien se lo coma. Sin embargo, ya se asoma…

¡Una araña de ocho patas!
Y al insecto papanatas se lo come y queda hinchada.
Luego dice muy confiada que no habrá quien se lo coma. Sin embargo ya se asoma…

¡Esta rana, mucho gusto!
Y a la araña, tras el susto, se la come masticada.
Luego dice muy confiada que no habrá quien se la coma. Sin embargo, ya se asoma…

Como rayo, ¡la culebra!
Y a la rana que celebra se la come y deja nada.
Luego dice muy confiada que no habrá quien se la coma. Sin embargo, ya se asoma…

¡El rabudo cacomixtle!
Y a la culebra que viste se la come el condenado.
Luego dice muy confiado que no habrá quien se lo coma. Sin embargo, ya se asoma…

¡El cocodrilo de río!
Y al cacomixtle, qué lío, se lo come con agrado.
Luego dice muy confiado que no habrá quien se lo coma. Sin embargo, ya se asoma…

¡El jaguar, dientes con filo!
Y se come al cocodrilo sin haberlo cocinado.
Luego dice muy confiado que no habrá quien se lo coma…¡Y esta vez nadie se asoma!
Natural y necesaria, ¡entre todos han formado la cadena alimentaria!

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Jacinta y las bolsas de plástico. De: Martha Alcocer. Ilustr. Margarita Sada Magenta Ediciones. México, 2007, 24p.
Acerca del libro:
Desde el punto de vista literario, este libro es una historia muy sencilla, pero de gran importancia en relación a la época que nos ha tocado vivir.  La protagonista es Jacinta, una pequeña, como de unos 7 años que, atenta a lo que sucede a su alrededor, se da cuenta de que algo en su casa anda mal. Descubre que una plaga de bolsas de plástico empieza a invadir toda su casa. Las encuentra primero en un cajoncito de la cocina bien dobladitas, luego debajo del fregadero, en el baño, detrás de los cuadros, debajo de la cama, colgadas detrás de las puertas. Son bolsas limpias, las mismas que nos dan a nosotros en el mercado, en el súper o en cualquier tienda cuando compramos algo. Las bolsas que encuentra Jacinta en su casa están casi nuevas porque en realidad sólo se utilizaron un vez. ¡Casi todo lo que compra ya viene en un empaque individual! 
El primero en protestar fue su papá. “Un domingo en la mañana se levantó y quiso rasurarse, pero su navaja estaba perdida entre diez bolsas de plástico. Buscó sus calcetines en un cajón lleno de bolsas” y cuando trató de preparar el desayuno, lo único que encontró en la cocina fueron bolsas de plástico. Alarmados, todos en su familia, comenzaron a buscar la solución.  La primera idea fue tirarlas a la basura. Pero no estaban muy convencidos y se cuestionaban a si mismos ¿porqué vas a tirar a la basura algo que esta casi nuevo? Su papá sabía además, que el plástico tarda 1000 años en descomponerse, que no es biodegradable, que contamina y hace daño.  La segunda solución era llevarlas a la tienda nuevamente para que las volvieran a utilizar, pero el tendero no las aceptó porque decía:  a las personas les gustan las bolsas nuevas no casi nuevas. Y les sugirió que las llevaran a la fábrica para que las reciclaran. El encargado de la fábrica de bolsas explicó a Jacinta que para reciclar las bolsas había que romperlas, mezclarlas con otras sustancias para volverá hacer bolsas nuevas. A Jacinta le pareció esto una idea absurda ¿tener que romper las bolsas casi nuevas para hacer bolsas nuevas?  No muy convencidos, Jacinta y sus padres optaron por dejar que reciclaran la plaga de bolsas que había invadido su casa, y que ya hacían aproximadamente 12 kilos. En el camino de regreso a su casa se preguntaban ¿Cómo evitar que la plaga vuelva nuevamente y otra vez tengamos un gran problema? 
Desde entonces juntos decidieron hacer un pequeño cambio en sus hábitos de consumo, que tal vez todos deberíamos imitar. “Cuando van a comprar algo le dicen al vendedor  –Démelo así sin bolsa. Y lo guardan en su canasta.No necesitamos más bolsas de plástico”.

Esta historia nos lleva a reflexionar sobre los pequeños cambios que podemos hacer a nivel personal y familiar con respecto a nuestros hábitos de consumo. Estos pequeños cambios a lo interno de nuestra familia,  pueden hacer una diferencia muy grande a nivel económico, ecológico y de ahorro de energía. Los invitamos a hacer cambios, como los que Jacinta y su familia hicieron, y contribuyamos a cambiar las formas de producción y consumo que actualmente nos han llevado al deterioro de nuestro entorno y del planeta.
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