Bunko Papalote, A.C.

Leer para transformar...

Rebáncalos, varañas y sijolitos. Diccionario infantil de Bunko Papalote


                                                      
El día de la Mesa redonda en que festejamos de manera pública el 20 aniversario de Bunko Papalote como proyecto de promoción de lectura desde la sociedad civil, Roberto Peredo, escritor y parte de la familia de Bunko Papalote nos llevó estos lindos diccionarios escritos con la colaboración de Patricio Ortiz, papá de Bunko Papalote.
Rebáncalos, varañas y sijolitos es resultado de su esfuerzo y entusiasmo por rescatar del olvido un proyecto que comenzó hace algunos años producto de un taller de redacción que se dio en la biblioteca de Xalapa. 

En la presentación del libro nos cuenta:
"La tarea consistía en crear un documento con las palabras que los padres reportaran como invención -o transformación- de sus hijos pequeños, cuando apenas se iniciaban en el aprendizaje del habla. Gracias a la colaboración de decenas de papás y mamás logramos coleccionar más de 200 palabras y algunas otras invenciones. Con el fin de que la colección de términos se pareciera lo más posible a un diccionario nos permitimos añadir a cada una de las palabras una especie de definición."




En las bibliotecas podrán encontrar ejemplares en venta de esta publicación conmemorativa, además los invitamos a participar en su actualización, compartiéndonos las palabras de sus hijos para lograr una nueva edición corregida y aumentada. Pueden hacernos llegar sus colaboraciones a través de mensajes en nuestra página o en facebook, con el nombre y edad de sus hijos.

A continuación les compartimos algunos de los divertidos e ingeniosos términos:


abe
      abue/abuelita. Lo mismo se dice abe que abita, agüita, bulila, peca o tita. De cualquier
      manera es nuestra y nos consciente.
                                             Andrea (1.5 años) y Frida (1 año) 
acariñar
       acariciar; hacer cariños. Desde que Antonio inventó esta palabra mixta, la conjuga
       correctamente. Decía, por ejemplo: "¿Me acariñas?", o "Te quiero acariñar". Pronto 
       se convirtió en parte del vocabulario familiar. Algunas palabras infantiles son tan 
       precisas que bien haríamos en adoptarlas.
                                             Antonio (3 años)

barbar
        raspar con la barba. ¡¿Cómo?! ¿Nadie antes que Aryel había inventado este verbo? 
        Cuántas cosas aún hay por decir con la palabra exacta: tarea de niños y de poetas.
                                             Aryel (4.5 años)
cancanieves
        Blancanieves. Personaje de ficción infantil en versión para cachorros dálmata.
                                             Ma del Pilar y Xavier (2 y 3 años)
garrea
       diarrea/dolor de estómago. Neologismo que permite economizar palabras cuando 
      la diarrea viene acompañada de dolor de estómago, y uno no tiene tiempo como para 
      dar discursos.
                                             Agustín (4 años)



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Y va otra puntada! También de Alba en Xalapa

 A partir de la lectura del cuento "El conejo blanco"



Este año, en la semana que  inicio la primavera en Bunko Papalote leímos el libro: El pequeño conejo blanco, el cual es una adaptación de Xosé Ballesteros a partir de un cuento popular portugués, con ilustraciones de Óscar Villán, que  por esta obra fue galardonado en 1999 con el Premio Nacional de Ilustración. El álbum fue incluido por el Banco del Libro de Venezuela en el catálogo de los Mejores Libros para Niños, del año 2000. Es un libro que trata sobre el tema de la amistad, valentía, la solidaridad. Es un texto que juega con la sonoridad y la rima, es ameno y humorístico,  por lo tanto se  pasa un rato muy agradable con esta lectura.
                  El cuento inicia cuando “...el pequeño conejo blanco, un día fue en busca de coles a la huerta para hacer un caldo. Cuando el pequeño conejo blanco regresó a su casa encontró la puerta cerrada y llamó.
¿Quién es? –preguntó un vozarrón desde dentro-
...Y en busca de ayuda para reconquistar su hogar, ocupado por la terrible cabra caburra, que si le salta encima le despanzurra...”[1] el pequeño conejo blanco busca al buey, al perro y al gallo, pero estos por miedosos deciden no ayudarle. El pequeño conejo blanco muy triste y sin esperanza de regresar a su casa, se encuentra con la valiente hormiga Rabiga quien le ayuda a recuperar su casa.
               Este es  un cuento que en lo personal me gusta mucho leerles a las niñas y los niños que asisten a la biblioteca. Lo disfrute mucho, pero sobre todo me divertí como nunca cuando pasaron diferentes anécdotas que a continuación les contaré. El grupo de los miércoles a las 17:00 hrs., está integrado por 11 niños y niñas, en edad de 5 a 6 años, de los cuales 7 de ellos asisten a los talleres de lectura desde que son bebés. En el segundo momento del taller cuándo ya estaba leyendo el libro, en la parte en que el pequeño conejo blanco, pide ayuda al buey, yo pregunto antes de enseñar la ilustración (en la cual aparece un buey muy grande, negro) ¿saben qué es un buey? Algunos se quedan pensando… mientras Paulina, levanta la mano, y con una propiedad que le caracteriza dice muy segura:  “… bueno mi mami me ha dicho que son aquellas personas que se casan, hombres con hombres y mujeres con mujeres …”  Yo le conteste bien Paulina, lo que tú dices es “gay”, y yo digo “buey “



En otro grupo, el de las 16:00 hrs., también en esta parte alguien pregunta ¿güey, así dicen en la tele? Y yo contesto: “No, con “b” buey ¿saben qué es?” Alguien contesta, ¡Sí, es un toro!


En el grupo del viernes a las 5:00 sucedió lo siguiente:
Como parte de la metodología de Bunko Papalote después de la lectura en voz alta, pasamos al tercer momento: actividades completarías, alternadamente jugamos o pintamos. En esta ocasión jugamos un juego llamado ¿quién recupera la llave? El juego consistió en que los niños (quienes eran las hormigas) de manera individual tenían que acercarse a mi (quien era la cabra cabreja), sin que los viera, para quitarme la llave que tenia en el cinto. Yo les daba la espalda y tenia que decir con una voz gruesa, Yo soy la cabra cabreja  y en seguida me volteaba a verlos, las niños y niños, tenían que avanzar sigilosamente para quitarme la llave, sin que yo los viera. En seguida, pregunté si alguien quería ser la cabra y Jade muy rápido contestó ¡Yo! Así que ella se colocó al frente de todos y nos dio la espalda, se puso las manos en la cara y gritó con voz gruesa ¡Yo soy la cabra cabrona! Tanto los niños como yo nos quedamos perplejos y que nos botamos la carcajada. En seguida le dije a Jade: es la cabra cabreja. Jade contestó: ¡Hay perdón!


[1] http://www.kalandraka.com/blog/wp-content/uploads/2009/04/el-pequeno-conejo-blanco.pdf
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Esta es una anécdota de un taller de Alba en Bunko Papalote Xalapa


Con estas anécdotas de talleres inauguramos esta sección de las Puntadas de Bunko. 
Nuestra idea es compartir con ustedes las cosas chuscas y divertidas del cotidiano quehacer entre libros y niños.  Y si tienen anécdotas en casa en torno a momentos de lectura por favor no dejen de compartirlas para hacer las delicias de todos.


¿A  qué venimos a Bunko Papalote?

Lupita es nuestra compañera de trabajo que hace unos pays muy ricos, todas las tardes llega a la biblioteca a vender a las familias de los niños bunkeros.  Se han vuelto toda una tradición sus pays pues los niños ya saben que  después del taller les compran un rico pay de queso.
Una tarde con el grupo de los jueves a las 4 de la tarde cuando estábamos iniciando el segundo momento del taller: Lectura en voz alta.  Pregunté con cierto interés, para dar un encuadre a la motivación de los niños y niñas, y  saber para qué estamos en un taller de lectura. Así que hice la siguiente pregunta: ¿A qué venimos a Bunko Papalote? Alguien dijo a divertirnos, otros a leer, a pasarnos un rato bien, a tomar libros, cuando de pronto Linito dice: ¡Y a comer pay! 
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